sábado, 26 de marzo de 2016

La AN no es un canal de TV

(Opinión)

Altos y bajos hemos vivido en estos 17 años, en algunos momentos hemos estado en medio de históricas manifestaciones de descontento, que nos elevan la esperanza y nos hace sentir cerca del desenlace, en otras ocasiones nosotros mismos nos comportamos como espectadores, esperando que pase algo y enfocando nuestra acción en sintonizar, depositando toda la fe en lo que pasara, en lo que otros harán para lograr ser libres definitivamente.

Cuando Globovisión cambio de dueños y de línea editorial,  caía con el canal la ultima ventana de televisión abierta que permitía a muchos drenar o aumentar sus rabias, una especie de terapia que me cuesta calificar. También se cerraba el escenario para muchos dirigentes que creían que la política se trataba solo de ser buenos en la TV. Ya no bastaba con contratar satélites, tener amigos en la producción de los programas o ser eficientes en la convocatoria de periodistas, se tendría que hacer mucho más para poder generar noticias, tus hechos tendrían que ser inocultables.

Lo viví en la huelga que realice el año pasado por los presos políticos, era ya mi 5ta huelga y en esta no contaba con la poderosa herramienta comunicacional que contamos en las anteriores para transmitir nuestras razones y peticiones. Anteriormente podía emitir partes de huelga tres veces al día en casi todos los canales en señal en vivo, en esta tenía que utilizar celulares para transmitir vía Skype en señales internacionales, el impacto era lento y la presión generada leve, la apuesta llevo a que batiéramos record de días y con ellos afecciones a nuestra salud, por un número menor de compañeros liberados por la acción.

Pero esto en sí, aunque dificultaba la difusión, también obligaba a ser más contundentes y aumentar los esfuerzos para que todos supieran porque se protestaba sin que pudiera ocultarse, fue en 2014 con la censura y la autocensura más intensa de las ultimas 2 décadas, que la acción simultánea de cientos de miles, se hizo visible. El país descontento no tenia canales nacionales que mostraran la protesta, pero el mundo la vio, fue evidente.  Y ese mismo esfuerzo tuvo que ser ejercido por centenares de candidatos en 2015, que competían contra todo el poder de los medios y del estado, sus voces quedaron roncas y los zapatos desgastados, pero lograron con su mensaje directo, sortear la censura y ganar la confianza y el voto mayoritario de los ciudadanos descontentos que aspiraban cambio.

Los venezolanos no siempre han sido espectadores, en la mayoría de los momentos históricos han sido los grandes protagonistas. Pero hoy escribo porque me preocupa, que con la nueva mayoría en la AN, creamos que tenemos de nuevo el deber de ver y no de hacer. Las sesiones de la Asamblea Nacional se han convertido en el nuevo Prime Time de las televisoras, enfocamos esperanza en cada sesión ordinaria. Muchos dirigentes, diputados o no, ven y acuden al parlamento como un trampolín para ganar televidentes. Mientras otros tantos culpan de sus rabias, alegrías, males o beneficios a todo lo que allí sucede.

Los diputados de la AN  reflejan la nueva realidad, tienen una tarea difícil sobre sus hombros con el compromiso de cumplir con las expectativas de quienes los han electo, su responsabilidades de legislar, controlar y denunciar, se han visto entorpecidas por los golpes a la constitución propinados por un tsj sumiso a los designios de Nicolas y su pandilla. Sin embargo, no se puede menospreciar los esfuerzos en distintos ámbitos enmarcados en sus competencias, que desde la AN se han adelantado. Denunciando masacre de Tumeremo, casos de narcotráfico, emergencia de salud, crisis del agua. Legislando sobre amnistía, propiedad de viviendas, producción, transparencia en la administración pública. Controlando citando a ministros, militares, gobernadores y fiscales, que han decidido escudarse en las faldas de jueces atrincherados en la ilegalidad.

En definitiva, dejemos que los diputados desarrollen su estrategia y cumplan con su deber, en honor a la confianza depositada en ellos el 6D. Nosotros, no convirtamos nuestra asamblea en un canal para drenar, sino más bien activemos de nuevo en función de seguir conquistando espacios y  cumplir con el deber de restablecer el orden constitucional. El cambio anhelado no se concretara con espectadores, lo vamos a lograr con gente dispuesta a asumir su cuota de responsabilidad. 

Dejemos de ver, vamos a hacer.

Julio César Rivas

@JULIOCESARRIVAS

sábado, 19 de marzo de 2016

Dejemos de ser corruptos

En Venezuela la realidad que enfrentamos es un castigo tortuoso, no es una crisis de un solo motivo, la economía, los servicios, la inseguridad, son solo las consecuencias de un modelo de vida adoptado por la mayoría de este pueblo.

Y no se trata de a quien elegimos como representantes cuando se presenta una elección,  si no fundamentalmente en la forma cómo hemos elegido vivir, la conducta que hemos asumido para guiar nuestras acciones, los valores que olvidamos y que hoy son solo parte del pasado.

El venezolano de antaño era reconocido por sus características de amable, alegre y respetuoso. Cuando nuestros abuelos hacían amistades no existía la desconfianza por si uno u otro vivía en tal lugar o si este o aquel tenían menos dinero que otro, las personas humildes se esforzaban por dejar como herencia hijos formados para que superaran la pobreza y enfrentaran los nuevos retos con educación y buenas costumbres.

Los venezolanos de hoy sabemos que las cosas están mal y endosamos esa responsabilidad únicamente a nuestras malas decisiones políticas, pero estamos obviando mirar que nos lleva a tomar decisiones, nos negamos a mirarnos al espejo y ver lo que nosotros estamos haciendo mal.

Cuando nací la corrupción ya era un tema, de ese tema se aprovechaban comunistas delincuentes para desestabilizar, promover saqueos y golpes militares, esos delitos eran justificados por pensadores y novelistas echándole la culpa a lo mismo que nosotros hoy, la mala elección política, pero desde entonces y hasta ahora, mientras buscamos políticos culpables, nuestra cultura se ha mantenido defendiendo ``moralmente´´ a delincuentes, a corruptos, a ladrones y a militares golpistas.

Al policía que extorsiona y matraquea lo justificamos por su mal sueldo, al electricista que vende bombillos robados de parques públicos lo justificamos porque necesitamos el bombillo, al malandro de ayer lo justificamos con ``Por Estas Calles´´, al corrupto de hoy lo justificamos porque no tenemos moral.

La excusa de la sobrevivencia, nos ha convertido en un pueblo carente de humanidad, capaz de negociar en mercados negros con medicamentos que otros necesitan para vivir, con la formula de un niño recién nacido que no tiene culpa de nada incluso la de haber nacido, comenzó esto cuando con la excusa de viajar o no dejar que otro se lo quedara, cupos de dólares iban y venían, una sociedad ``sobreviviente´´ resolvía problemas momentáneos vendiendo su cupito y otros se acomodaban por bastante comprando y revendiendo, quien iba a imaginar que aquellos viajes pagos derivarían en lo de hoy, los dólares se acabaron, los corruptos que gobiernan se los gastaron en yates y aviones, los últimos de la cadena se quedaron sin su gotita de petróleo y las sobras que quedaron de aquello, convertidas en productos esenciales se convirtieron en los nuevos objetos para tranzar, ¿bajo qué excusa?.

¿Sobrevivir?, ¿como un humano puede vivir sin humanidad?, ¿como una sociedad puede existir sin respeto?, ¿como una economía puede sostenerse bajo tanta distorsión?. Corrupto es corrupto sin importar su escala o posición. Corrupto es corrupto sin importar su oficio, no importa que seas político aburguesado, policía matraquero, cajero bachaquero. Corrupto es corrupto sin importar lo que trances de forma ilegal, droga, billetes, baterías, carros, cauchos, harina, papel, leche o medicinas. Corrupto es corrupto sin importar si bachaqueas en Petare o vendes los dólares preferenciales de tus contratos públicos en La Lagunita.

La garantía de la democracia es que un pueblo no tendrá mejor gobierno del que merece, así que para que tengamos un gobierno mejor y acabemos con el flagelo de la corrupción, ¡dejemos de ser corruptos!

Julio César Rivas