martes, 16 de agosto de 2011

La Vida No se Espera


En medio de una lluvia intensa he dejado mi auto a la orilla de la autopista y he decidido emprender una larga caminata, el agua me cubre hasta la cintura producto del desbordamiento del río principal de la ciudad, consigo altura en un elevado y es allí donde me detengo, me siento, el agua sigue cayendo mientras permanezco emparamado en el inicio de un viaje que esta pronto a cambiar el rumbo de mis días.

Nunca me he cansado de caminar, de andar, de viajar, nunca me he cansado de insistir, de reiterar, nunca me he cansado de perseguir sueños, metas y deseos, he aprendido a tener paciencia, pero una espera que se hace eterna, acompañada de un silencio sepulcral, empañan un deseo particular que me lleva a la certeza de que un sueño que involucra otra mente solo puede ejercerse si es compartido, de lo contrario, el río se desbordara mil veces, la lluvia se convertirá en granizo y yo seguiré aquí, mojado y esperando.

He intentado enviar mil señales, he incluso rechazado las posibilidades de explorar una decena de caminos distintos, me he dedicado a mejorar mis actitudes y he conseguido dar avances importantes en el proceso de transición de perro a caballero, sin embargo, estoy aquí sentado y la única seña a cambio es una estruendosa tormenta.

…Cerrando mis ojos he visualizado mis deseos, soñando los he vivido y despertando los he conseguido…

He decidido esperar 5 días más, quizás sufra un resfriado, pero vale la pena, además una vez espere 22 días sin comer para que un gobierno atendiera mis demandas, este tiempo permitirá que el río siga creciendo y que yo aprenda a soportar el frió, cuando este listo me lanzare, espero que tomado de tu mano, dejare que ese río jodido me arrastre hasta la costa, allí construiré mi cabaña, dentro de ella estableceré mi cama y la protegeré con un mosquitero, leeré cien libros, tendré un hijo y gobernare mi país, cuando los venezolanos hayan aprendido a asumir su ciudadanía y tengan sentido de identidad, viajare, viviré un año en tres países distintos y luego regresare a mi cabaña, esperare la visita de mis nietos, escribiré tres libros y luego de terminarlos comenzare a construir una barcaza de madera, en su centro un solo puesto, donde ira una estructura de troncos en forma de pirámide, partirá de tierra firme y se adentrara en las profundidades del mar en un único y ultimo viaje, se convertirá en fuego y transformara a su pasajero en cenizas, dejando atrás los deseos, los sueños y las posibilidades de despertar, consolidando por fin todas las visualizaciones que pude tener al cerrar los ojos.

Me califican de desesperado, impaciente, acelerado, quizás no han notado que hay muchas cosas por hacer, cerrar los ojos unas tantas veces, vivir unos cuantos sueños y conseguir tantas cosas al despertar, no se han dado cuenta que…

…La vida no se espera, se vive…



Julio César Rivas

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