sábado, 30 de abril de 2016

Hay Hambre


(Opinión)

Cuando hablamos de hambre podemos decir que significa necesidad o ganas de comer, sin embargo, hoy me refiero al hambre que pasa buena parte del país. Es, entonces, cuando la definición acertada significa: “Escasez generalizada de alimentos básicos que padece una población de forma intensa y prolongada”.

Visitaba hace poco la Universidad de Carabobo, allí Iván Uzcategui, quien preside la FCU, me explicaba cómo el comedor universitario que antes solo era visitado por estudiantes, hoy es la fuente de alimentos de estudiantes, profesores, empleados, obreros e incluso de habitantes de invasiones cercanas a la universidad, quienes acuden a este espacio para intentar nutrirse de alguna forma. La cola es larga y la comida no alcanza para todos, buena parte de aquellos que hacen fila se quedan sin comer, eso sí, no lo dejarán de intentar nuevamente.

Ramón Bravo es quien tiene la responsabilidad de administrar este comedor, no sólo tiene que lidiar con la masiva demanda, lo altos costos, la escasez, la coordinación perfecta para servir a tiempo 3.500 desayunos, 5.000 almuerzos y 3.500 refrigerios, sino también debe realizar la compra exacta de lo que se servirá cada día, no puede tener nada almacenado, lo que llega se cocina de inmediato y las medidas de seguridad que se aplican son tal cual una bóveda de valores, de lo contrario los productos crudos pueden parar en la casa de aquellos que día a día trabajan para alimentar a miles, pero en su hogar la nevera está vacía y el hambre vigente.

No solo quiero referirme a la experiencia de la universidad, hace unos días conversaba con los representantes de unos estudiantes de educación básica, me comentaban que desde hace varios años ya era difícil pagar el ticket de supermercado pero se ayudaban enviando los niños a la escuela, allí los programas de alimentación escolar reducían la carga sobre los gastos alimenticios, los niños desayunaban y almorzaban en la escuela, los padres resolvían con una bala fría. Ahora, después de tanto saqueo de los corruptos contratistas que viven de la miseria de los demás, este programa ha ido poco a poco desapareciendo. Muchos niños ya no comen y ahora tampoco van a la escuela, el hambre ha aumentado la deserción escolar.

Y no todo queda en niños, estudiantes, escuelas o universidades, todos sabemos lo contaminado que esta el Lago de Valencia, su color verde tóxico, el olor nauseabundo y las muestras químicas indican que sus niveles de contaminación son excesivamente elevados, no hay nada en ese lago que sea apto para el consumo humano. Sin embargo, hoy de camino a Güigüe observaba cómo los pobladores que habitan a las orillas del lago, realizaban jornadas de pesca y exhibían a orillas de carretera unas “cachamas” frescas. ¿Cuánto cuesta? Pregunté. "500Bsf la cuerda", me respondió atento un humilde vendedor. La cuerda contenía 3 pescados que quizás si eran cachamas, pero unas cachamas mutantes.

El hambre desespera y este país en colapso vigente no tiene cómo saciarla, el comunismo depravado de estos delincuentes que se dicen Gobierno, acabó con nuestra producción nacional, expropiando, controlando precios, nacionalizando plantas, ocupando tierras y subsidiando alimentos del extranjero. En Venezuela no hay cómo hacer un pabellón criollo con productos hechos en el país.

Las madres se desgastan en filas kilométricas para conseguir un kilo de algo, y aunque físicamente a muchos venezolanos se les nota la pancita, dentro de ella hay hambre oculta, nuestra dieta es masa, arroz, pasta o pan con sabor a cualquier cosa, ya no es un bisteck para cada uno, ahora es una untada de carne que le de sabor a los carbohidratos que te engañan la barriga. Bendito son los venezolanos que aún desayunan, almuerzan y cenan, ya son muchos los que sólo pueden comer 2 veces al día y aquellos que sólo comen una vez al día se empiezan a sentir.

Protestas como las de hace pocos días en el estado Vargas, son muestras de que lo que digo, lo hago con responsabilidad. El hambre no juega y el reclamo se hace sentir. Este país necesita un cambio urgente, si Nicolás y su pandilla de incompetentes cierran las válvulas democráticas, los vidrios se pueden romper, la sociedad puede sobrepasar los tiempos constitucionales y una situación como esa no la controla nadie, como a nadie le conviene.

Por tanto, el esfuerzo que hacemos aquellos que tenemos responsabilidades de representación, se enfoca en lograr revocar a Maduro para iniciar una transición que dé respuesta a este pueblo que tiene hambre y sed de cambio.

Julio César Rivas

@JULIOCESARRIVAS
http://juliocesarrivas.blogspot.com

sábado, 23 de abril de 2016

No Somos Ranas

(Opinión)

 Ya bastante debes haber leído sobre el comportamiento de una rana al meterla en una olla caliente, si el agua está hirviendo sus reflejos la llevarán a evitarla de inmediato y saltará para evitar morir. Si al contrario, la metes en una olla a temperatura ambiente y vas calentando la olla poco a poco, la rana se acomodará a la temperatura, incluso hasta que el agua hierba y la rana muera sancochada.


De a poco el régimen chavista, ahora degradado a madurista, ha venido aplicando calor a la olla, cortes, restricciones, humillaciones. Nuestra sociedad está acostumbrándose al calor, muchos creemos que esta olla hirviendo pronto va a estallar, pero no, vamos muriendo como ranas, viendo como aquellos que sí guardan raciocinio humano saltan de la olla para no ser parte del sancocho.


En 2009, la crisis eléctrica golpeó al país, el "Gobierno" inició una serie de cortes programados para reducir el consumo y apagó las luces de Caracas. Aquello fue un caos, clínicas, metro, centros comerciales, cerros, todo estaba en oscuridad, nada podía funcionar. La gente bajó, protestó, no se la caló. De inmediato el Ministro fue suspendido, el corte se suspendió en Caracas, pero al interior se le condenó a vivir en penumbras.


Desde entonces, exceptuando a Caracas, los apagones han sido parte de nuestro modo de vida. La primera frase entendible de mi hijo de 2 años fue: "papá se fue la luz". Nuestros artefactos eléctricos se queman y nadie responde, las abuelas de nuestras ciudades que viven en edificios sin planta deben subir 10 o 15 pisos por escaleras para llegar a sus hogares, las comunidades viven en toques de queda, sitiadas por delincuentes que como vampiros, aprovechan la oscuridad para robar y asesinar.


En aquellos años y excusados por el niño de entonces, se decretó una emergencia eléctrica, esta sirvió de excusa para otorgar contratos a compañías que prestaran servicios o instalaran nuevas plantas, sin pasar por procesos de análisis, ni licitación. 


Unos cuantos "vivos" aprovecharon aquello para crear empresas de maletín y ganarse jugosos contratos, esos que hoy están en lo más alto de la clase burguesa, todo su esfuerzo fue robar lo que correspondía para invertir en nuestra red eléctrica. Por allí hay una empresa Derwick, también la Duro Felguera, ganaron miles de los casi 60.000 millones de dólares, que se destinaron al tema eléctrico.


De 2011 para acá, los apagones no eran tan constantes, pero siempre en las regiones al menos tres veces por semana nos tocaba nuestra ración. El Gobierno alardeaba de que estaba mejorando, pero todo era falso, habían dispuesto del Gurí para alimentar todo el sistema que antes tenía otras fuentes de energía distintas a la hidroeléctrica, por ejemplo las plantas termoeléctricas. Producto de este abuso, el Gurí elevo su descenso, el cual sumado a la sequia, hoy lo tienen a 1 metro del colapso.


De nuevo, se anuncian cortes diarios para todas las regiones, cortes que por cierto ya veníamos viviendo en los últimos meses. Nuestra ya quebrada economía, acelera su proceso de muerte, máquinas de empresas permanecen apagadas, las pocas plazas de empleo se cierran y la oscuridad se hace permanente.


La olla esta por hervir y aunque a Caracas no la meten en el saco eléctrico, ya le han encendido la estufa en temas como el racionamiento de agua y alimentos. 


Queda en nosotros decidir si morimos como ranas en la olla o reaccionamos al calor, ejerciendo la protesta y haciendo como el científico Galvani, quien probó que hasta los cuerpos sin vida de las ranas o los humanos, pueden reaccionar a los impulsos eléctricos cuando se tocan los nervios.


Julio César Rivas


@JULIOCESARRIVAS

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sábado, 16 de abril de 2016

Aún Quedamos

(Opinión)

Hace unos días desayunaba en un puesto de empanadas, pedí mi cuenta y pagué con mi tarjeta, al leer el recibo me percaté que el monto era muy inferior de lo que debía pagar, le faltaba el primer dígito y lo pagado era sólo un tercio del total. Me acerqué a la señora y le dije que había una equivocación, me había cobrado de menos, ella se puso roja y dijo una frase que es la que hoy me hace escribir: ¡Somos pocos, pero aún quedamos!

La honestidad es un valor que debería ser denominador común, pero las virtudes, la decencia, el actuar como debemos, parece ahora una rareza escasa. En mis últimos artículos bastante he descrito la sociedad decadente, violenta, corrupta. Pero aún en nuestra Venezuela hay reservas morales para hacerle frente a todo esto e intentar lograr que prevalezca la cultura que nos definía en antaño.

Y son personas como esa señora, atrincheradas en su negocio de empanadas o aquella que desde la caja del estacionamiento, nunca olvida decirme buenos días y muchas gracias, las que devuelven las esperanzas de saber que no estamos solos y que aún el mal no ha vencido a la gente buena.

Muchas veces siento que la Venezuela decente ha sido derrotada, cuando quien atiende en el banco no responde los saludos y te tira el recibo como si lo pidieras regalado. Cuando saludas en el ascensor y nadie devuelve el gesto, cuando ves que en el metro las abuelas van de pie y los jóvenes sentados. Sin embargo, aún hay gente que marca la diferencia.

La gente de bien se hace visible en crisis como esta, vale la pena hacerle honor y esforzarnos para que se multipliquen. Los he visto y he sido testigo de sus bienaventuranzas, por ejemplo, ante la escasez de medicamentos son cientos de ciudadanos que dentro y fuera del país comparten listas de gente urgida para ayudarlos en sus difíciles momentos.

Vecinos que uno poco conoce, se acercan a mi esposa a punto de dar a luz, para ofrecer el paquete de pañal que su hijo no utilizo y así contribuir ante un país donde no se encuentra nada, estas personas no piden dinero, se conforman con un agradecimiento y los llena el saber que lo están haciendo bien, como debemos.

Estamos sobreviviendo en una Venezuela que saca lo peor de sus habitantes, pero el mal nunca triunfa si quienes saben hacer el el bien y siguen la doctrina de Cristo, de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, lo ponen en práctica.

Somos humanos y nuestro instinto de supervivencia no nos puede llevar a canibalizar nuestra conducta. No nos dejemos arrastrar, mantengamos con nuestra sonrisa, el buen trato, los buenos actos y la esperanza de recuperar la Venezuela posible que todos aspiramos.

Demostremos que, aunque somos pocos, aún quedamos.

Julio César Rivas

@JULIOCESARRIVAS
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sábado, 9 de abril de 2016

Sociedad en Decadencia

(opinión)

Una sociedad que pierde su fuerza, que olvida los valores que la constituyen, que se debilita y va desintegrándose, es una sociedad que está en decadencia. Los individuos que formamos parte de ésta, también perdemos fuerza, importancia y perfección.

Ante una sequia inclemente, con agua y electricidad racionada por la corrupción y la incompetencia, millones de venezolanos se someten en la intemperie a largas filas y aglomeraciones para conseguir alimentos, medicinas o cualquier artículo de primera necesidad. Hacer colas se ha convertido para muchos en una fastidiosa rutina, las experiencias vividas en ellas pueden ser desde jalones de cabello, fracturas por alguna turba originada por la desesperación o incluso hasta los últimos minutos de vida.

Hace poco vi la imagen de una mujer dando a luz en una cola, ella echada en el suelo y su pobre bebe llegando a este mundo rodeada de la miseria en la que este país está envuelto, quizás esta madre recién parida en esa cola, no pudo comprar los pañales que le hacían falta porque cuando llegó su turno, puesto que le informaron que sin partida de nacimiento no se los podían vender.

Pero las colas bajo el sol no son el único síntoma de la decadencia que vivimos, muchas ciudades de nuestro país son sometidas al bombeo de aguas putrefactas que llegan a nuestros hogares. Días atrás, se me ocurrió cepillarme los dientes usando agua del grifo para enjuagarme la boca, mi reacción inmediata fue vomitar, agua con excremento era aquello que mi cuerpo no toleró. Y es esa cloaca la que el Gobierno nos envía para que nos bañemos y cocinemos.

Y son esos baños hediondos, esas colas humillantes y otras tantas degradaciones a las que estamos sometidos, que ya no solo somos víctimas, si no también partícipes de este desagradable retroceso.

La delincuencia que no tiene clemencia, nos ha llevado a tal nivel de intranquilidad y miedo, que ha hecho prosperar en algunos de nosotros la intención de hacer justicia por propia mano, esto ante la ausencia de valor moral en aquellos que tienen el deber de administrarla.

Pero esa justicia popular, a veces cobra víctimas inocentes. Vi un video reciente en donde un chef era golpeado hasta quedar casi inconsciente, su voz no se escuchaba entre tanto alarido, los que por allí pasaban se unían a la golpiza, cobrando quizás a ese señor, los atracos y las vejaciones a las que han sido sometidos por tantos criminales. Los golpes no fueron suficiente y allí mismo fue rociado con gasolina y encendido como una antorcha viviente. Ese señor no era delincuente, era un cocinero, lo confundieron por error y ese error le costó la vida a un venezolano trabajador.

Frente a este decaimiento moral del cual somos parte, tenemos la obligación histórica de levantarnos, dejarnos de teorías colectivistas, esforzarnos por ser mejores individuos y encontrar la humanidad de la que Dios nos dotó. Este país necesita cambios profundos, pero sólo nos encaminaremos a ellos cuando recuperemos la dignidad que nos hemos dejado arrebatar.

Julio César Rivas

@JULIOCESARRIVAS
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sábado, 2 de abril de 2016

¿Guerra Civil?

(Opinión)

 Cuando uno intenta simplificar el concepto de guerra civil, encuentra definirlo así: "Guerra entre dos o más bandos de una misma nación". Entendamos por guerra: pugna, lucha, enemistad.

Muchas veces desde mi adolescencia, escuchaba a los mayores advertir que nuestro país estaba al borde de una guerra civil. La época Chávez estaba iniciando y la división del país era evidente, mitades enfrentadas con modelos totalmente distintos. A medida que el abuso de quien empezaba a gobernar se hacía tangible, la polarización recrudecía y esa guerra se sentía más cerca.

Armas, pasiones, manifestaciones multitudinarias y muertes. Esa época, la de más de década y media, aun retumba en mi memoria. El odio se incrustaba en nuestros corazones, las diferencias políticas parecían irreconciliables, las familias se dividían, los vecinos se dejaban de hablar, la calle era el escenario del enfrentamiento de civiles contra civiles. Precisamente los días de abril del 2002, fueron la lamentable muestra de la profunda enemistad existente entre nuestra sociedad.

El discurso de odio, la tortura, la persecución, la discriminación política y el resentimiento, servían como abono para intensificar esas divisiones. El plan de ellos era hacer prevalecer la ideología comunista, impuesta por el miedo, sosteniéndola en el tiempo con sus simpatizantes armados, aplacando cualquier crítica, amenazando con fusilar al que se atreviera a disentir.

La esperanza de los chavistas por un modelo fracasado se vino abajo con la realidad, de fantasías no vive el hombre y la difícil realidad de Venezuela pesa más que una ideología política, la pugna dejó de ser por conceptos. Sin embargo, la decadencia instaurada, la falta del valor por la vida, la ausencia de valores morales y el instinto de supervivencia salvaje, ya se habían instaurado en nuestra cultura, en nuestra forma de ser.

Ahora en la actualidad, escucho a muchos dirigentes políticos advertir de la inminencia de una guerra civil, no se han dado cuenta que la estamos viviendo. Bandos del país se adueñan de las zonas, de recintos carcelarios, de regiones enteras. Desde allí secuestran, matan y roban a sus propios conciudadanos, ellos no están pensando en Marx, sencillamente lo hacen por lucrarse y nada les pesa en la conciencia. Otros bandos se hacen de todos los productos de primera necesidad, ellos no tienen ametralladoras, ni granadas, pero como arma usan la viveza y la falta de humanidad. No les importa que por bachaquear medicamentos una abuelita o un niño recién nacido mueran por su causa, el dinero.

Y está el bando más pequeño, ese que nos trajo a esta guerra. Una elite corrupta, que se roba los recursos de la nación, maneja las redes del narcotráfico internacional y se atrincheran en el poder, escoltados por una pandilla de militares aburguesados y magistrados arrodillados. No dudan en usar tanquetas, ametralladoras y bombas para mantenernos a raya. Asesinan, apresan y criminalizan para contrarrestar el rechazo general inocultable.

Venezuela ya no vive una polarización política, el régimen actual es una evidente minoría. Sin embargo, el país si está sumergido en un profundo conflicto, donde el concepto de "guerra" aplica sin duda, pero deja de ser civil, porque en este país la civilidad se perdió de nuestra cultura y sólo regresará si los que debemos ganar, lo hacemos.

Julio César Rivas

@JULIOCESARRIVAS