domingo, 31 de julio de 2016

La Abuela Sonia

 
Cuando viajo por carretera a estados alejados del centro del país, la agenda se pone apretada y muchas veces pierdo la oportunidad de almorzar a la hora, estos días siento haber perdido algo de peso.

Aún tengo la oportunidad de compensar si no almuerzo con una cena, incluso trato de desayunar en buena cantidad, por si por complicaciones, no se puede almorzar.

Pero hoy dejare de ser yo, para convertirme en la señora Sonia. Ella es una habitante de una comunidad deprimida en el estado Carabobo, tiene 62 años, viuda, madre, abuela. En lo que va de año no ha comido ni una sola pieza de pollo, ni un trocito de carne. A pesar de estar jubilada, desde hace meses el sistema no la reconoce, por lo tanto solo sobrevive con lo poco que su hijo comparte con ella. 

Con una remesa limitada, Sonia toma una camioneta de pasajeros que atraviesa varías barriadas por una carretera destrozada, llena de barro y trochas. Ella va rezando para que los delincuentes que operan en la vía, no le quiten los pocos realitos que tiene para intentar comprar algo. 

Llega a un pequeño abasto a la 5:00Am, está entre las primeras personas de la fila que coinciden con ella en terminal de cédula. A nadie le importa su edad, a medida que va llegando gente, se van amontonando y ella queda apretada, casi asfixiada entre la gente y la reja del lugar. Así pasan varias horas hasta que abren la santamaría y proceden a marcarlos con números en los brazos.

Ella está allí resistiendo todo aquello para intentar llevar algo que comer. Sale el encargado del negocio y anuncia a la multitud, "los primeros 10 solo podrán llevar una pasta, los siguientes solo un arroz, los marcados a partir del 30 un Jabón y un vinagre y por último los marcados a partir del número 40 podrán llevarse solo una harina. El resto debe venir la semana próxima".

Sonia nunca fue adinerada, vivió con modestia en su rancho de bajareque desde hace más de 40 años, pero nunca sufrió tanta humillación como la que hoy padece. Ella recuerda clarito que con lo que su difunto esposo llevaba a casa producto del trabajo, ella podía ir al mercado y escoger los productos que necesitaba.

Sonia pago la pasta, subió a otra camioneta y lloró durante todo el camino. Sus piernas y cuerpo adolorido, deshidratada, con su tensión afectada y con la temperatura corporal fría como el hielo. Se entristece de que luego de toda una vida ella tenga que pasar por esto, pero le entristece más saber que este país es el que están heredando sus nietos.

Aún cansada, llena de dolores y sin comer aún, le dicen que asista a una reunión, viene un diputado a su comunidad. Su nieto de 9 años le dice "ve abuela, para ver cuando es que sacaran al malo de Maduro". 

Y allí nos encontramos, una abuela con cuerpo frío, con ojos tristes, con voz de desesperación y yo, tratando en lo posible de acompañar a mis vecinos en un momento tan difícil como este,  por ahora con lágrimas de impotencia, porque aunque mis abuelas hayan muerto, a estas abuelas que sufren las siento como mías.

Ya entonces, no sólo se me dificulta comer por falta de tiempo en la agenda. Si no ahora cada vez que estoy en la mesa, recuerdo a Sonia y a todas las personas que quizás no probaron bocado en todo el día por un régimen de delincuentes que nos tienen viviendo en la más profunda y sistemática humillación. 

Nos haremos respetar.

Julio César Rivas

@JULIOCESARRIVAS


domingo, 24 de julio de 2016

Enamorarse de Venezuela

He tenido la oportunidad de visitar a Venezuela en muchos de sus rincones, he llegado a su montaña más alta, su playa más fría, he rodado con mi cuerpo entre sus médanos y me he dejado llevar por la corriente de su río más largo.

Venezuela me ha dado mucho, me permitió nacer en una zona desposeída y superarme por propio esfuerzo, con ella aprendí darle valor a las ideas y luchar por ellas, también me enseño a involucrarme en lo público y a entender que luchar por otros es luchar por nosotros mismos. Es tanto lo que me ha brindado, que incluso me dio el honor de representar a uno de sus estados.

Y todo eso se ha fortalecido en amor, al sentir sus sabores, apreciar sus colores vivos, su verde predominante, su calor tropical, a ella la conozco de punta a punta y la amo desde lo más profundo de mi corazón, al punto que con una de sus hijas he hecho familia y descendencia.

Por Venezuela he hecho varias cosas, vi distanciar a mi madre y hermanos, me involucre en la defensa de los derechos civiles, he llevado unos cuantos golpes, incluso termine en la cárcel. Aún así, esto no ha sido suficiente. Venezuela merece y necesita más. Me di cuenta al recorrer hace poco unos 1500Kms, adentrándome en Portuguesa y viendo como a sus habitantes les hace falta el azúcar, mientras en sus campos florece la caña.

Vi también al noble pueblo tachirense desplazándose hacia la hermana Colombia, mientras los niños esperaban en sus poblados aguardando un pan para acompañar con un agua de papelón. Así yace herida mi primer amor, maltratada, ultrajada y sometida por un grupo de delincuentes que en mala hora llegaron al poder a destruir tanta belleza.

No hay excusa para no luchar, a Venezuela no solo la destruyen en su belleza natural, le intentan robar su esencia, acabando con el alma y la cultura de su gente. Las caras llevadas de la gente en Barinas, su voz cansada, sus cuerpos agotados y los niños con sus desnutridos hermanos recién nacidos en los semáforos intentando buscar alimento con la caridad de la gente, es señal de que esto no se puede dejar para después.

El amor, el amor espantará al miedo y nos permitirá defender aquello por lo que nuestros ancestros dieron su vida. Amar a Venezuela no es una consigna, debe ser un sentimiento llevado a la acción, no podemos permitirnos ser espectadores, mientras que los degenerados que se atrincheran en Miraflores y Fuerte Tiuna destrozan nuestra tierra y todo aquello que nos hizo ser lo que somos.

Demuestra tu amor con una caricia a Venezuela, recorriendo sus calles, adentrándote en sus veredas, escuchando sus voces y siendo vanguardia en la lucha por recuperar su honor y el nuestro. No permitas vivir condenado en la humillación, ama a Venezuela en la acción determinada de ser libres.

Julio César Rivas

@JULIOCESARRIVAS

http://juliocesarrivas.blogspot.com

sábado, 16 de julio de 2016

Entremos en Sintonía

(Opinión)

 Hace poco participe en unas de las caminatas convocadas por la unidad para promover el Referéndum Revocatorio, abarcamos con las banderas de todos los partidos políticos incluidos, un poco más que el largo del frente de un local comercial en una importante avenida de Valencia, contrastaba esa disminuida convocatoria con la urgencia de cambio que la mayoría inmensa de este país reclama.

¿Qué pasa con nuestras manifestaciones? Debo admitir que, aunque soy político, miembro de un partido y represento a mis vecinos producto del esfuerzo militante y organizado del ejercicio político; a mí mismo se me hace tedioso encontrarme dentro de una comparsa de banderas partidistas, donde todos intentamos elevar nuestros símbolos, corear a nuestros líderes preferidos y enfocar nuestras selfies, tratando quizás escapar de la realidad que nos espera al abrir la nevera. Es como que si bailando una música pegajosa de mitin de campaña, nuestro estomago y el de nuestros hijos dejara de vibrar por hambre.

Al no sentirme cómodo decidí avanzar un poco más allá de la conglomeración y sentarme entre quienes visitaban la Plaza Bolívar, todos se quejaban, todos hablaban entre sí de la necesidad de revocar a Maduro, algunas madres con sus bolsas en las manos descansaban los pies luego de un día pesado en busca de alimento, las miradas perdidas, los cuerpos flacuchos, las caras largas. Y entre ellos surgía el sonido de parlantes, la música alegre, los militantes corriendo. 

Algo no estaba en sintonía, las personas no se sumaban, ni siquiera se esforzaban por voltear y aunque compartieran la opinión de revocar no sentían identificación con la actividad que se desarrollaba en sus alrededores. Quienes sí se sumaron a la caminata por el centro fueron los delincuentes, celulares eran usados para una foto de cerca con los líderes y fueron el objetivo de los dueños de lo ajeno que a más de uno precisaron y se lo arrebataron.

El Referéndum Revocatorio no es una campaña electoral tradicional, es una herramienta que tenemos el deber y la necesidad de activar, y es un intento que está minado de obstáculos y barreras que buscan evitarlo. Nuestro adversario no es un  partido político demócrata, es una cúpula de delincuentes que se aferran a poder violando la constitución, imponiendo reglas sucias y usando a sus tentáculos dentro del resto de los poderes. En definitiva activar el revocatorio nos costara mucho esfuerzo y el escenario no es de comparsas, ni tarimas, si no de lucha, organización y entrega.

A nuestros vecinos debemos convocar, es indispensable su participación, pero a nadie vamos a animar si no estamos en sintonía con sus padecimientos, no es difícil hacerlo, asumamos la crisis que se hace tangible en nuestros hogares y los de nuestra familia y sin duda entenderemos que no se trata de subir en nuestros hombros a tal o cual aspirante, si no de entrelazarnos por los brazos y caminar hacia el frente juntos para luchar con las herramientas que como civiles nos brinda la constitución. A los que militamos en organizaciones políticas, nos toca más que hacer notar los logos de nuestras franelas o banderas, es demostrar nuestra capacidad de organizar, de sumar y de hacernos acompañar. Para activar la convocatoria a Referendum con el 20% de voluntades del padrón electoral, se necesita más que nuestra presencia, se necesita que seas capaz de llevar a 10 o más, de que los tengas organizados, de que sepan que hacer. Tenemos que tener la capacidad de ir a manifestar nuestra intención de revocar en la montaña más alta, si es allí donde es que hay que hacerlo.

Lo que tenemos enfrente no es una elección común, es un deber existencial, nosotros, nuestras familias, nuestras generaciones futuras dependen de esto y aunque lo asumimos con la esperanza de recuperar la alegría, debemos dar la batalla de la conquista primero, de lo contrario las sonrisas serán fingidas entre nuestra gente afligida.

El gobernador de Miranda, quien nos visito en Carabobo, hizo un importante llamado a las cabezas de los partidos en nuestra región que andan en campaña adelantada. "No es el momento del protagonismo de nuestros apellidos, de nuestros nombres, de nuestras aspiraciones políticas personales, es el momento de priorizar en revocar a Nicolás, luego vendrá lo demás". Me sumo a ese llamado, Revoquemos el Hambre, recuperemos energía con estómagos llenos y luego vendrá el momento de que nuestros nombres sean sometidos a la consideración para ver si merecemos representar a nuestros vecinos.

Julio César Rivas

@JULIOCESARRIVAS

sábado, 9 de julio de 2016

Venezuela desde una burbuja

(Opinión)

Mi familia, como la de muchos venezolanos, está separada por la distancia. Sin embargo cada vez que se puede buscamos la forma de encontrarnos y compartir buenos momentos.

En esta oportunidad una de mis hermanas vino de visita a Venezuela y trajo con ella una amiga estadounidense. Para ambas organice los días tratando de mostrarles las bendiciones naturales de esta, nuestra tierra.

El primer día rentamos una lancha, Morrocoy disfrutado a plenitud, aguas transparentes, cálidas y calmadas, arena blanca y buen clima. La opción escogida fue el plan perfecto, quien nos atendió cuido cada detalle, uno solo debía preocuparse por disfrutar y relajarse. El capitán no sólo se esforzó por un paseo bien completo por todo el parque, también se ocupó de que nunca faltarán los tragos y a la hora de comer se lució con una deliciosa parrilla hecha en el mar. Todo esto por el costo equivalente de subir el Empire State con dos acompañantes. 

La Hacienda Santa Teresa también estuvo en nuestra ruta, reseñas históricas, paseo explicativo del proceso de producción del ron, cata de los distintos añejos que ofrece esta casa y como no, una buena carne con vista al valle de Aragua. 

Aprovechando los pocos días de la visita, subimos a la Colonia Tovar, impresionadas de tanto verde, la cordillera de la costa era contemplada en su magnitud. Una vez en la colonia, visitamos su mercado, probamos sus dulces de fresas, bebimos sus cervezas artesanales y echamos unos mordiscos a la rodilla que es el fuerte de su plato típico. 

Y así disfrutamos los días, visitando otras playas, subiendo al Ávila, una burbuja que hice para ellas, en un país que todos temen visitar. 

Larissa la gringa que vino con mi hermana, había sido advertida de no venir a Venezuela, "allá no comerás nada" le había comentado su jefe, sin embargo hice lo posible para que eso no sucediera y en cada lugar que fuimos disfrutamos de buenos platos. Hice el mayor esfuerzo para que nuestros problemas, que son graves y son bastantes no fueran la impresión general.

En carretera aprovechaba las horas para contar de nuestra realidad, explicaba el  porque no hay papel sanitario en los baños, porque no se puede usar celular en el tráfico caraqueño, porque el agua no se puede tomar directo del grifo y también el porque no es recomendable pasar la tarjeta de crédito en los puntos comerciales. 

Él último día, vía al aeropuerto me interné en el centro de Caracas, las pase por Miraflores donde fueron reprendidas por militares por tomar fotos, recorrimos la Av. Baralt y la Av. Sucre, presenciaron las colas por alimentos básicos, por pan. Le señale a mi hermana el lugar donde ambos nacimos, el hospital de Lidice. Les mostré la Venezuela que sufrimos.

Ya en el Aeropuerto, 3 horas y 45 minutos antes de la hora indicada en su ticket de vuelo para su siguiente destino (Curazao), nos acercamos al mostrador de InselAir, somos informados que su vuelo fue adelantado de hora y que ya no podrían abordar, que se meterían en sistema para no penalizarlas por la perdida del vuelo y que podían abordar el vuelo al día siguiente a las 10:00pm. Cambiaron el vuelo sin avisar y ejercían el trato como si la falta fuera del pasajero.

Estas empleadas de la aerolínea, en tono despectivo y de forma grosera no ofrecían siquiera una disculpa por este incidente, si no que dicho esto se retiraron sin atender las quejas e inquietudes que generaban un cambio de itinerario tan brusco. El esfuerzo que hice en esos días para que se llevarán una buena impresión, lo arruinaban dos venezolanas groseras que tratan a la gente como basura, sin ningún tipo de consideración y respeto.

Acudimos al INAC en busca de apoyo, y debo reconocer que el personal procedió conforme al reglamento a contactar con la aerolínea para que ofreciera hospedaje y un vuelo más cercano. Sin embargo la aerolínea siguió en su posición de hacerse los desentendidos, por lo que se les inició un proceso administrativo para sancionarlos.

En definitiva, se compraron nuevos boletos en otra aerolínea y culminaron su paseo breve por Venezuela, que tiene mucho que ofrecer, pero que necesita de nuestro esfuerzo para que sea atractivo para los demás. Una cascada, una isla bonita, una montaña imponente, no tiene valor para un turista, si los anfitriones no saben tratar, si no hay espíritu de servicio, si no hay amabilidad y respeto.

Sueño con que pronto empecemos a recibir a miles de visitantes, para que rutas como esta no sean una débil burbuja, si no nuestra realidad general, un país del cual sentirnos orgullosos. 

Julio César Rivas

@JULIOCESARRIVAS